Un monitoreo de la Fundación AGRECOL Andes detectó altos niveles de agroquímicos en tomates, lechugas, brócolis y apios. El estudio advierte sobre vacíos en la normativa boliviana, que aún permite el uso de sustancias consideradas altamente peligrosas o cancerígenas y que ya han sido vetadas en decenas de países.
Cochabamba, 07 de octubre de 2026. — La seguridad de los alimentos que llegan diariamente a las mesas bolivianas se encuentra bajo severo cuestionamiento. El tercer monitoreo ciudadano sobre residuos de plaguicidas, conducido por la Fundación AGRECOL Andes y publicado en marzo de 2026, reveló la presencia de 26 tipos diferentes de agroquímicos en verduras comercializadas en el eje metropolitano de Cochabamba, incluyendo sustancias que están estrictamente prohibidas a nivel internacional.
El estudio analizó 34 muestras de tomate, lechuga, brócoli y apio obtenidas en 11 puntos de venta que abarcan desde ferias populares y mercados hasta supermercados privados. Los análisis de laboratorio, con capacidad para rastrear 677 materias activas, confirmaron que 25 de las 34 muestras (el 73%) presentaban algún tipo de residuo químico.
Lo más alarmante del hallazgo radica en la toxicidad de las sustancias detectadas. El informe clasifica 11 de los plaguicidas encontrados como Altamente Peligrosos (PAP) y cuatro como Posiblemente Cancerígenos (PPC). Entre ellos figuran el insecticida Chlorpyrifos y el Carbendazim (prohibidos en 32 países, incluido Perú), el Omethoatho (vetado en 33), el Bifenthrin (en 30) y otras sustancias como Lufenuron, Imidacloprid, Thiamethoxam y Clothianidin, restringidas en al menos 28 naciones.
El documento expone niveles de contaminación que superan drásticamente los parámetros internacionales. El caso más crítico corresponde a una lechuga adquirida en la feria Ex Vidriolux, la cual presentó 1,116 mg/kg de Chlorpyrifos, una concentración 11 veces superior al Límite Máximo Permitido por la Unión Europea y cinco veces por encima de la norma china. Asimismo, otra muestra de lechuga comprada en un supermercado registró la presencia de Bifenthrin (posiblemente cancerígeno) superando en 2,1 veces el límite europeo. En total, 14 de las 24 muestras evaluadas en concentración igualaron o rebasaron los límites máximos internacionales de referencia.
En cuanto a la variedad de alimentos afectados, el tomate lidera las cifras tanto en frecuencia como en diversidad química: 10 de las 11 muestras contenían residuos, aglutinando 20 de los 26 tipos de plaguicidas identificados en todo el estudio. Le siguen la lechuga (8 de 11 muestras contaminadas, con 13 químicos distintos), el brócoli (6 de 11) y el apio.
El monitoreo aclara que el hallazgo de estos agroquímicos no constituye una infracción a la legislación nacional, ya que ninguno figura actualmente en la lista de sustancias prohibidas de Bolivia. Ante esta desconexión regulatoria, la Fundación AGRECOL Andes plantea la urgencia de actualizar y ampliar la normativa boliviana acorde a las restricciones internacionales, además de exigir la implementación de un sistema de trazabilidad estatal y una fiscalización estricta que impida que venenos agrícolas lleguen a los mercados y a la alimentación familiar.
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