El economista Fernando Romero señala que la brecha de divisas, la caída de exportaciones y las bajas reservas líquidas del BCB mantienen bajo presión a la moneda nacional.
La Paz, 29 de julio de 2026. — A un mes de la implementación del régimen de tipo de cambio oficial flexible en Bolivia, el peso boliviano registró una devaluación acumulada del 72% respecto al último valor del esquema fijo. Según el análisis presentado por el economista Fernando Romero, la medida permitió corregir parcialmente la distorsión cambiaria existente en el mercado, aunque todavía no ha alcanzado a estabilizar la oferta y demanda de divisas.
El tipo de cambio oficial inició el nuevo esquema el 29 de junio cotizándose en Bs 9,73 por dólar —dejando atrás el histórico valor fijo de Bs 6,86— y escaló hasta alcanzar los Bs 11,80 este 29 de julio. Romero explicó que esta depreciación responde a desequilibrios estructurales de la economía nacional, entre los que destacan «la caída de las exportaciones de gas natural, la menor inversión extranjera, el elevado déficit fiscal, la inflación y la incertidumbre económica», factores que motivan a empresas y familias a demandar dólares como mecanismo de resguardo.
El reporte económico detalla además la limitada capacidad de intervención del Banco Central de Bolivia (BCB). Si bien al 17 de julio de 2026 las Reservas Internacionales Netas (RIN) sumaban 3.659 millones de dólares, solo 606 millones correspondían a divisas líquidas, mientras que aproximadamente 2.985 millones se encontraban invertidos en oro. Esta disponibilidad restringida de liquidez dificulta frenar la tendencia alcista mediante la inyección directa de divisas.
El impacto del ajuste cambiario se traslada de forma directa a los sectores dependientes de insumos e importaciones, tales como la industria manufacturera, farmacéutica, automotriz, construcción y comercio. De igual manera, el encarecimiento afecta al presupuesto de las familias por el alza de productos importados, mientras que el sector público debe asumir mayores costos para la importación de combustibles, medicamentos y el servicio de la deuda externa.
Ante este escenario, Romero sostuvo que la sostenibilidad del sistema flexible dependerá de reformas macroeconómicas orientadas a reducir el déficit fiscal y atraer inversión. En ese sentido, consideró que un eventual crédito del Fondo Monetario Internacional (FMI) por cerca de 2.800 millones de dólares podría aliviar la presión sobre las reservas en el corto plazo, siempre que se apliquen medidas estructurales de fondo.
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