“Porque el Señor no ve como ve el hombre; el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón.”
1 Samuel 16:7
Bolivia, 24 de diciembre de 2025. – La Navidad nos confronta con una verdad profunda y, muchas veces, incómoda: Dios no actúa como nosotros esperaríamos. Mientras el mundo busca lo grande, lo visible y lo poderoso, Dios decide comenzar Su plan de salvación en lo pequeño, en lo sencillo y en personas que nadie consideraría relevantes.
Belén no era una ciudad importante. No tenía prestigio, influencia ni peso político o religioso. Era pequeña, olvidada, casi invisible. Y sin embargo, ahí nació el Rey. Dios eligió un lugar insignificante para demostrar que Su poder no depende de la apariencia, sino de Su propósito.
La palabra hebrea qatán (קָטָן) significa pequeño, insignificante, sin peso. Es la misma idea que describe algo que no llama la atención. Aun así, Dios lo escoge. Porque Dios no mira el tamaño del escenario, sino la disposición del corazón.
La historia confirma este principio. En 1903, los hermanos Wright lograron el primer vuelo controlado de la humanidad. No eran científicos famosos ni contaban con grandes recursos. Eran dueños de una pequeña tienda de bicicletas, trabajando en un taller humilde. Mientras los expertos afirmaban que volar era imposible, lo pequeño cambió el rumbo del mundo.
Así actúa Dios. No necesita grandes plataformas para cumplir Sus planes. Él obra en corazones sencillos, en vidas comunes, en lugares donde nadie espera nada extraordinario. Dios no busca a los que se sienten suficientes; busca a los que saben que lo necesitan.
Por eso, si hoy te sientes pequeño, débil, invisible o menospreciado, no te descalifiques. Tal vez estás exactamente en el punto donde Dios suele comenzar.
La Escritura lo declara con claridad:
“Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es; a fin de que nadie se jacte en Su presencia.”
— 1 Corintios 1:27–29
Dios hace esto para que quede claro que la gloria no es del hombre, sino de Él. Cuando lo vil es levantado, cuando lo pequeño trasciende y cuando lo débil es usado, nadie puede atribuirse el mérito.
Así que no desprecies tu pequeñez. No maldigas tu proceso. No te avergüences de tus limitaciones. En las manos de Dios, lo pequeño se vuelve eterno, lo débil se vuelve instrumento y lo menospreciado se convierte en testimonio.
Recuerda esta verdad: Dios no escoge a los grandes para hacer cosas grandes; Él hace grandes a aquellos que deciden confiar en Él.
Dios con Nosotros.
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