Los ancestrales «hombres del río» enfrentan una crisis sanitaria y territorial sin precedentes debido a la minería aurífera. La falta de atención médica agrava el drama de un asentamiento donde niños y ancianos sufren los severos estragos de la intoxicación.
San Buenaventura, 02 de octubre de 2026. — Para el pueblo indígena Esse Ejja, asentado en la comunidad de Eyiyoquibo, las aguas del río Beni han representado históricamente su fuente de vida, identidad y supervivencia. Sin embargo, esta estrecha relación ancestral se ha convertido hoy en su mayor amenaza. Los conocidos como «hombres del río», una población de aproximadamente 501 personas distribuidas en 104 familias, enfrentan una condena letal y silenciosa: la contaminación por mercurio provocada por la explotación aurífera que opera río arriba.
Fundada en 1999 en las proximidades de los municipios de Rurrenabaque (Beni) y San Buenaventura (La Paz), la comunidad subsiste consumiendo los peces de un río que ahora los envenena. El mercurio utilizado en la extracción de oro se acumula en la fauna acuática y se infiltra en la cadena alimentaria de los indígenas, desatando una crisis de salud pública que golpea con crueldad a los sectores más vulnerables: mujeres en edad reproductiva, niños y adultos mayores.
Los dramáticos testimonios locales, respaldados por estudios científicos recientes en la cuenca, documentan una realidad alarmante. La exposición prolongada a este metal pesado está dejando a su paso una generación de niños con severos problemas de desarrollo y alteraciones neurológicas, así como ancianos que fallecen tras un acelerado deterioro físico e inmunitario. Este colapso sanitario se profundiza por el abandono estructural: la comunidad carece de acceso a servicios médicos especializados, no cuenta con atención pediátrica permanente y está imposibilitada de recibir diagnósticos o tratamientos oportunos.
A la emergencia de salud se suma una profunda vulnerabilidad territorial. Las constantes inundaciones han diezmado el ya reducido espacio vital de las familias, deteriorando aún más sus precarias condiciones de vida. Asimismo, la mancha de la contaminación minera amenaza con extender su impacto a otros territorios indígenas interconectados y a reservas naturales de importancia global, como el Parque Nacional Madidi.
Frente a este escenario de olvido sistemático, los Esse Ejja alzan la voz. Para este pueblo amazónico, defender el cauce del río Beni es la única forma de salvaguardar su territorio, su salud y una cultura transmitida durante generaciones. Su exigencia al Estado es clara y urgente: demandan que las leyes de protección ambiental y sanitaria dejen de ser letra muerta en los escritorios y se traduzcan en intervenciones reales antes de que el mercurio termine por extinguirlos.
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