El ejemplar de Tropidurus madeiramore, descrito recientemente por la ciencia brasileña, fue fotografiado de manera fortuita por el investigador Vincent Vos. El hallazgo aporta datos inéditos sobre el comportamiento de este reptil y ratifica la inmensa biodiversidad inexplorada en el departamento de Beni.
Riberalta, 23 de septiembre de 2026. — De manera fortuita y durante una pausa bajo la sombra de un vehículo, el biólogo Vincent Vos logró avistar y registrar a una escurridiza lagartija que buscaba desde el año 2023. Se trata del Tropidurus madeiramore, una especie descrita hace apenas tres años por investigadores en Brasil y cuya presencia exacta en los bosques del norte boliviano generaba un gran interés científico.
El encuentro ocurrió a finales de agosto en el extremo sur del municipio de Riberalta. Vos y un grupo de amigos concluían una expedición orientada a examinar posibles huellas arqueológicas cuando, al detenerse para tomar agua, el biólogo notó al pequeño reptil descansando sobre la rama de un árbol. A diferencia de lo habitual en estos animales, que destacan por su velocidad eléctrica, el ejemplar no huyó ante la presencia humana.
“Me dejó sacarle fotos de todos los ángulos”, relató Vos. Esta inusual docilidad resultó crucial, ya que los avistamientos fugaces suelen frustrar la confirmación taxonómica en campo.
Gracias al registro fotográfico, se pudieron identificar con claridad sus características físicas: una coloración gris-pardo oscura, tonos ocres en la cabeza y un collar nucal negro bordeado por una línea clara. El detalle definitivo para su confirmación fue la presencia de un pliegue profundo en el cuello conocido como mite pocket (bolsa para ácaros), característica que lo diferencia de su pariente más cercano, el Tropidurus oreadicus.
El avistamiento también aporta nuevos indicios sobre la ecología de la especie. Hasta la fecha, los científicos vinculaban a esta lagartija de forma casi exclusiva con los termiteros, asumiendo que su presencia en árboles se debía únicamente a huidas desesperadas por la irrupción humana. Sin embargo, el investigador constató lo contrario: “Este estaba nomás en posición natural en el árbol”, apuntó, brindando una valiosa pista sobre los hábitos de una fauna de la que aún se sabe muy poco.
Tras analizar las imágenes en casa, Vos subió los registros a la plataforma global de ciencia ciudadana iNaturalist, donde fueron validados por un colega estadounidense experto en herpetología. Si bien en 2025 una publicación científica ya había reportado los primeros hallazgos de la especie en el país, este nuevo dato representa el primer registro confirmado para la zona de Riberalta.
El biólogo optó por no colectar al animal, argumentando su preferencia por no retirar especies de su hábitat a menos que sea estrictamente necesario para estudios profundos. Para el investigador, el hallazgo confirma que el Beni sigue siendo un territorio de enorme diversidad custodiado por un conocimiento científico aún limitado. “Una salida entre amigos y ya pillas algo nuevo”, concluyó Vos, resumiendo la constante capacidad de sorpresa que ofrece la Amazonía boliviana.
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