A 50 días de bloqueos en el país, la falta de soluciones por parte de las autoridades y la reiterada insistencia en el diálogo muestran una cierta corresponsabilidad del Gobierno, que no ha logrado brindar una salida efectiva a la crisis.
La Paz, 19 de junio de 2026. – Hoy se cumplen exactamente 50 días de bloqueos y movilizaciones en Bolivia. Una situación insostenible que ha dejado a su paso desempleo, muertes, desabastecimiento de alimentos, escasez de medicamentos y una coyuntura sumamente conflictiva.
Las protestas, que inicialmente nacieron con diversas peticiones, hoy se han cerrado a una sola consigna: la renuncia del presidente Rodrigo Paz. Todo esto en medio de una ola de desinformación que circula en las calles y redes, la cual va desde la supuesta privatización del agua y la luz, hasta rumores de que el Gobierno confiscará las viviendas de los ciudadanos para pagar una presunta deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Entre tanto, la Central Obrera Boliviana (COB), uno de los sectores que más impulsó a las bases a «salir a las calles», se encuentra actualmente en instancias de negociación; mientras que otros bloques, como la Federación Tupac Katari, ya han confirmado que continuarán con las medidas de presión.
Frente a este escenario, la población boliviana se encuentra desamparada y a la espera de una solución real. Los hospitales ya han agotado sus reservas de oxígeno, los precios de los pocos alimentos disponibles se han disparado, los transportistas llevan semanas varados en las carreteras, las filas por combustible continúan creciendo y cada vez son más los negocios que se ven obligados a cerrar o quebrar; sin embargo, la respuesta del Ejecutivo ha sido una sola: el diálogo es la única opción. A pesar de los desesperados pedidos de diversos sectores para que se dictamine un Estado de Excepción que garantice la libre transitabilidad, todavía no se avisora una medida concreta.
El presidente Paz ha ofrecido reiteradas conferencias de prensa y mensajes presidenciales que han dejado a los bolivianos con un sabor a nada. Se habla de resiliencia, de respetar la Constitución Política del Estado y de cómo el país se paraliza con las protestas; pero el discurso no pasa de llamados de pacificación y los llamados al diálogo.
Incluso ahora que ya no existen impedimentos legales para dictar un Estado de Excepción y se cuenta con una ley que lo regula, las principales autoridades del país parecen no tener la intención de aplicarla. Si bien esta no es la única salida viable, cabe preguntarse: ¿realmente es correcto seguir insistiendo en dialogar con sectores a los que no les importan las consecuencias de sus propias acciones? Es cierto que se han logrado acuerdos con algunos, pero son pocos a comparación de los que aún continúan.
Las pérdidas económicas ya son millonarias para diversos rubros, y lo que es peor, ya se han cobrado vidas humanas. Una cosa es una protesta de dos semanas, y otra muy diferente es sostener un bloqueo por casi dos meses. ¿Hasta cuándo se va a seguir convocando al diálogo a sectores que no tienen ninguna intención de ceder?
Más allá de los intereses políticos de los movilizados o de la postura del Gobierno, la única certeza es que la situación actual es crítica. Ningún país puede paralizarse durante tanto tiempo y salir ileso. La inestabilidad, la crisis y la incertidumbre dejarán una marca profunda, mientras que la población, con esa fuerza y resiliencia que la caracteriza, deberá intentar salir adelante una vez más pese a las adversidades.
Camila Santa Cruz – GCB
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