Una investigación de Seladis y Cedib en los ríos Beni y Madre de Dios confirma que el metilmercurio biomagnificado en peces carnívoros provoca graves alteraciones hepáticas, cardiovasculares y genéticas. Las etnias que dependen exclusivamente de la pesca son las más afectadas, mientras que el hermetismo violento de las cooperativas mineras impide evaluar la intoxicación de sus propios trabajadores.
La Paz, 30 de septiembre de 2026. — Un riguroso estudio clínico sobre el impacto de la minería aurífera ha dejado al descubierto las consecuencias devastadoras del uso del mercurio en la salud de las poblaciones indígenas asentadas en las riberas de los ríos Beni y Madre de Dios. La investigación, ejecutada de manera conjunta por el Instituto de Servicios de Laboratorios de Diagnóstico e Investigación en Salud (Seladis) y el Centro de Documentación e Información Bolivia (Cedib), determinó que el consumo de peces carnívoros es la vía principal de intoxicación, provocando un colapso en el funcionamiento orgánico de mujeres en edad fértil.
El análisis biomédico, realizado a 80 mujeres de entre 15 y 50 años de comunidades como Corte, Eyiyoquibo, Asunción, Real Beni, Rurrenabaque y San José de Uchipiamonas, arrojó concentraciones de mercurio en el cabello humano que rebasan ampliamente los límites internacionales permitidos, destacando la comunidad de Corte con un promedio crítico de 9.7. El investigador Roger Carvajal alertó sobre los estragos irreparables a nivel celular: «Algo importante que hemos visto es daño en el ADN […] hay una citogenotoxicidad, incremento en el riesgo de cáncer y malformaciones congénitas».
Los hallazgos clínicos documentan una crisis de salud pública sistémica. Las mujeres evaluadas presentan cuadros de anemia atípica originada porque el mercurio bloquea directamente la formación de hemoglobina, además de fallas estructurales en los eritrocitos que disparan el riesgo cardiovascular. A nivel metabólico y hepático, los análisis confirmaron altos niveles de triglicéridos, alteraciones en las enzimas y disfunción del hígado en al menos el 60% de la población estudiada.
El proceso de envenenamiento es producto de la cadena extractivista. El mercurio vertido por la minería es transformado por bacterias acuáticas en metilmercurio, un compuesto neurotóxico que penetra la barrera intestinal humana y se aloja en órganos vitales, el cerebro y la placenta. A través de la biomagnificación, los peces carnívoros concentran este veneno, impactando fulminantemente a grupos vulnerables como la etnia Esse Ejja, cuya única fuente proteica es la pesca. En contraste, el estudio verificó que aquellas poblaciones que basan su dieta en peces herbívoros (como el pacú y el tambaquí) o que consumen almendra amazónica —rica en selenio, un antídoto natural contra el mercurio— mantienen niveles de toxicidad menores.
La crisis ambiental expone también una grave vulneración a los tratados internacionales. Bolivia ha disparado sus índices como uno de los mayores importadores mundiales del metal desde 2016, incumpliendo abiertamente el Convenio de Minamata. Pese a la gravedad del panorama, la salud de quienes manipulan e inhalan directamente este tóxico permanece en la sombra. Los investigadores denunciaron la imposibilidad de evaluar a los trabajadores del oro debido a que las cooperativas mineras operan bajo un estricto hermetismo corporativo, impidiendo cualquier acceso de brigadas médicas o científicas a los socavones y campamentos.
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