En 1947, la montaña paceña fue el escenario clave para confirmar la existencia de la partícula responsable de mantener unido el núcleo atómico. El hito científico impulsó la creación del Laboratorio de Física Cósmica de la UMSA y consolidó al país como la cuna de la física experimental en Latinoamérica.
La Paz, 22 de septiembre de 2026. — A más de 5.200 metros sobre el nivel del mar, la montaña de Chacaltaya se erigió en 1947 como un extraordinario laboratorio natural que otorgó a la ciencia mundial las evidencias experimentales necesarias para comprender la estructura fundamental de la materia. Las investigaciones desarrolladas en la cumbre andina permitieron confirmar la existencia del mesón pi, hoy conocido como pión, un descubrimiento que situó a Bolivia en la vanguardia científica global y estuvo directamente vinculado al otorgamiento de dos Premios Nobel de Física.
La trascendencia del hallazgo resolvió un enigma que mantenía en vilo a los investigadores de la época: cómo los protones y neutrones lograban mantenerse unidos en el núcleo del átomo. En la década de 1930, el físico japonés Hideki Yukawa propuso teóricamente la existencia de una partícula responsable de esa fuerza de cohesión, pero carecía de pruebas materiales. Años más tarde, el investigador brasileño César Lattes, integrante del equipo del británico Cecil Powell, trasladó detectores hasta Chacaltaya con el respaldo de Ismael Escobar, científico español que ya realizaba observaciones en la zona.
La altitud extrema de la montaña boliviana resultó ser el factor determinante para el éxito del experimento. Dado que muchas partículas cósmicas se desintegran al interactuar con las capas bajas de la atmósfera, la altura de Chacaltaya permitía interceptarlas a tiempo. Mientras que en los Pirineos franceses los científicos apenas lograron registrar dos eventos de este tipo, los detectores en territorio boliviano captaron 30.
Los contundentes resultados fueron publicados en la prestigiosa revista Nature en 1947. Estas evidencias empíricas respaldaron la hipótesis de Yukawa, quien recibió el Premio Nobel de Física en 1949, y validaron el método de emulsiones fotográficas desarrollado por Powell, galardonado con el mismo premio en 1950.
Lejos de limitar su rol al de un simple escenario geográfico, este episodio catalizó el desarrollo científico institucional en el país. A partir de esta experiencia, la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) consolidó su Laboratorio de Física Cósmica, inaugurando oficialmente sus actividades en 1952. Este espacio es catalogado por el Centro Latinoamericano de Física (CLAF) como la «cuna de la Física latinoamericana» por el impulso histórico que brindó a la ciencia experimental en la región.
En la actualidad, el legado de la montaña continúa activo. Bajo la administración del Instituto de Investigaciones Físicas de la UMSA, Chacaltaya se mantiene como un observatorio vigente donde nuevas generaciones de científicos desarrollan investigaciones de vanguardia sobre rayos cósmicos y dinámicas atmosféricas, continuando su labor de escudriñar el universo desde las alturas bolivianas.
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