{"id":4306,"date":"2026-09-28T11:31:07","date_gmt":"2026-09-28T11:31:07","guid":{"rendered":"https:\/\/gocommunicationbol.com\/?p=4306"},"modified":"2026-09-28T11:31:08","modified_gmt":"2026-09-28T11:31:08","slug":"el-mercurio-apaga-la-vida-en-eyiyoquibo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/gocommunicationbol.com\/?p=4306","title":{"rendered":"El mercurio apaga la vida en Eyiyoquibo"},"content":{"rendered":"\n<p><em>El reportaje \u00abEl mercurio apaga la vida en Eyiyoquibo\u00bb relata el devastador impacto de la contaminaci\u00f3n por mercurio en la comunidad ind\u00edgena Esse Ejja, ubicada en la Amazon\u00eda boliviana. A trav\u00e9s de historias personales, el texto expone c\u00f3mo el r\u00edo Beni, hist\u00f3ricamente fuente de vida y sustento para este pueblo, se ha convertido en una amenaza para su salud y supervivencia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Por Mauricio Carrasco y Avril Carrasco<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Bolivia, 29 de septiembre de 2026. &#8211; <\/strong>En una peque\u00f1a comunidad\u00a0<strong>Esse Ejja de la Amazon\u00eda boliviana,<\/strong>\u00a0los adultos mueren temprano y una nueva generaci\u00f3n nace con\u00a0<strong>da\u00f1os neurol\u00f3gicos irreparables<\/strong>. El r\u00edo Beni sigue aliment\u00e1ndolos. Tambi\u00e9n los enferma.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los ni\u00f1os de Eyiyoquibo comen, pero no crecen<\/h2>\n\n\n\n<p>Ana sostiene a Juan por la espalda y le acerca una cuchara con una mezcla de pescado cocido y desmenuzado con arroz. \u00c9l abre los labios. Traga. Cierra la boca.Despu\u00e9s, su cuerpo vuelve a quedarse quieto.<\/p>\n\n\n\n<p>Parte del alimento&nbsp;<strong>se le escapa por un costado.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ella lo limpia con delicadeza. No hace falta que lo apure. Conoce muy bien&nbsp;<strong>ese cuerpo peque\u00f1ito de cinco a\u00f1os.<\/strong>&nbsp;Lo conoce desde que estaba en su vientre.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabe exactamente&nbsp;<strong>cu\u00e1nto puede darle, cu\u00e1ndo parar, cu\u00e1ndo insistir.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Sabe d\u00f3nde&nbsp;<strong>est\u00e1 el l\u00edmite entre alimentar y fatigar<\/strong>. Ese conocimiento no viene de un m\u00e9dico. Viene de estar alimentando a su hijo que come pero no crece, que traga pero no mejora.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese desgaste diario, la vida tambi\u00e9n se le ha ido a ella. De cabellos blancos, cuerpo fr\u00e1gil y piel castigada por el sol amaz\u00f3nico,<strong>&nbsp;Ana apenas roza los 27 a\u00f1os, pero parece de 60.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A pocos metros de ella, en ese cuarto oscuro que es todo su hogar \u2014con puerta de lona pero sin ventanas\u2014,<strong>&nbsp;su otro hijo, Felipe<\/strong>, est\u00e1 tendido sobre el piso de cemento. Tiene tres a\u00f1os. Ya comi\u00f3 lo que su madre le dio, o lo que pudo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus ojos est\u00e1n abiertos, pero no miran nada espec\u00edfico.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>En Eyiyoquibo no hay pediatra<\/strong>. No hay an\u00e1lisis de sangre. No hay un diagn\u00f3stico individual oficial que certifique el da\u00f1o en los cuerpos de Juan y Felipe, ni el sacrificio silencioso de Ana.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, en la comunidad nadie necesita un papel firmado para saber el nombre del culpable:&nbsp;<strong>el mercurio<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los ancianos Esse Ejja se apagan en silencio<\/h2>\n\n\n\n<p>En Eyiyoquibo dicen que el metal que inmoviliza a los ni\u00f1os tambi\u00e9n les apaga las defensas a los viejos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Juan, Felipe y Ana pertenecen a los Esse Ejja,<\/strong>&nbsp;un pueblo ind\u00edgena amaz\u00f3nico que ha perdido a sus ancianos. Dicen en<strong>&nbsp;Eyiyoquibo&nbsp;<\/strong>que todos ellos se apagaron en silencio. Antes de partir, ya casi no hablaban.<\/p>\n\n\n\n<p>Al caer la tarde se sentaban frente a la hoguera y permanec\u00edan largos minutos contemplando el fuego, como si esperaran que las llamas les devolvieran el tiempo en que<strong>&nbsp;el r\u00edo Beni era cristalino y todav\u00eda alimentaba a sus familias<\/strong>. Com\u00edan poco, despacio, y despu\u00e9s clavaban la mirada en el horizonte, all\u00ed donde las aguas desaparecen entre la selva.<\/p>\n\n\n\n<p>Otras noches levantaban la vista hacia el cielo amaz\u00f3nico, cubierto de estrellas, sin pronunciar una sola palabra. Hac\u00eda tiempo que hab\u00edan dejado de reunir a los m\u00e1s j\u00f3venes para ense\u00f1arles&nbsp;<strong>a navegar el r\u00edo, reconocer los lugares de pesca<\/strong>, distinguir el canto de las aves o anunciar la llegada de las lluvias.<\/p>\n\n\n\n<p>El silencio hab\u00eda ocupado el lugar de los consejos y ese mismo vac\u00edo lleg\u00f3 a las manos.<\/p>\n\n\n\n<p>Las ancianas&nbsp;<strong>hab\u00edan dejado de tejer.&nbsp;<\/strong>Ya no entrelazaban las fibras de jipijapa \u2014la palma amaz\u00f3nica con la que durante generaciones elaboraron canastos, esteras y abanicos\u2014 y pasaban largas horas sentadas en las puertas de sus hogares, observando a sus nietas jugar mientras los ojos se les llenaban de l\u00e1grimas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La tos, la fiebre baja y una muerte que nadie nombra<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En la comunidad se acostumbraron a verlos toser. Empezaba como una sequedad en la garganta, apenas un&nbsp;<strong>carraspeo entre frase y frase<\/strong>, pero con las noches se volv\u00eda m\u00e1s honda, acompa\u00f1ada de flema.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos se llevaban la mano al pecho cada vez que&nbsp;<strong>el esfuerzo de respirar hondo les apretaba por dentro<\/strong>. Cuando el aire les sal\u00eda de los pulmones, a veces tra\u00eda consigo un silbido leve, como si el pecho dejara escapar algo m\u00e1s que aliento.<\/p>\n\n\n\n<p>Otros d\u00edas&nbsp;<strong>amanec\u00edan tibios, con una fiebre que nunca llegaba a asustar<\/strong>&nbsp;\u2014apenas un poco de calor bajo la piel\u2014 y por eso nadie la nombraba enfermedad. El cuerpo de los ancianos, dec\u00edan las familias, se les iba cortando de a poco, sin fuerzas ni para levantarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie pon\u00eda en palabras las despedidas.&nbsp;<strong>Solo dec\u00edan que los mayores se estaban muriendo de pena y en silencio<\/strong>.Y el silencio es lo primero que se percibe en Eyiyoquibo. Esa quietud se extiende hasta el borde mismo de la comunidad. La \u00fanica certeza escrita de la existencia de este rinc\u00f3n boliviano, lo \u00fanico que prueba que est\u00e1 en el mapa, es un letrero de madera casi tragado por la maleza, clavado junto al camino de tierra que lo conecta con el municipio de&nbsp;<strong>San Buenaventura.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Dice Eyiyoquibo y, debajo, la fecha de fundaci\u00f3n:&nbsp;<strong>16 de marzo de 1999<\/strong>. Unos metros m\u00e1s all\u00e1 de ese letrero, el tiempo se cuenta de otra manera. Jhonny Sossa, capit\u00e1n grande de una comunidad que se encoge cada mes.<\/p>\n\n\n\n<p>Jhonny Sossa es capit\u00e1n grande de la comunidad.Tiene 25 a\u00f1os, mide poco&nbsp;<strong>m\u00e1s de metro y medio \u2014la estatura com\u00fan entre los hombres Esse Ejja<\/strong>\u2014 y carga un liderazgo heredado, porque la generaci\u00f3n que deb\u00eda ejercerlo comenz\u00f3 a apagarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Camina hacia&nbsp;<strong>el cementerio,<\/strong>&nbsp;un cuadrado de tierra removida dentro del mismo poblado, y se detiene frente a las cruces m\u00e1s recientes.\u2014\u00bfY c\u00f3mo los mayores no van a morirse de pena ante tanta tragedia? \u2014dice sin levantar la vista\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed la muerte llega una y otra vez, y<strong>&nbsp;la enfermedad no da descanso.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En&nbsp;<strong>Eyiyoquibo viven 501 personas repartidas en 104 familias.<\/strong>&nbsp;Sossa dice la cifra con la precisi\u00f3n de quien la actualiza cada mes, porque cada mes cambia.La \u00faltima vez que la dijo, hab\u00eda una persona m\u00e1s. El nombre de la comunidad significa \u00abpie de monta\u00f1a\u00bb en lengua Esse Ejja.<\/p>\n\n\n\n<p>El asentamiento est\u00e1 precisamente al pie de las alturas cubiertas de selva verde y tupida que rodean los municipios de Rurrenabaque y San Buenaventura, en un territorio de<strong>&nbsp;bosques h\u00famedos, barrancos y planicies ribere\u00f1as<\/strong>&nbsp;donde la Amazon\u00eda se encuentra con las primeras estribaciones de la cordillera.<\/p>\n\n\n\n<p>A un lado del r\u00edo est\u00e1&nbsp;<strong>Rurrenabaque, en el departamento del Beni,<\/strong>&nbsp;pr\u00f3spero en turismo; al otro, San Buenaventura, en La Paz, sobrevive entre calles polvorientas y comercios apagados.Durante siglos el Beni separ\u00f3 y comunic\u00f3 a estos pueblos. Ahora un puente de m\u00e1s de trescientos cincuenta metros une ambas orillas, pero la corriente sigue marcando la vida de quienes dependen de sus aguas.<\/p>\n\n\n\n<p>El curso del&nbsp;<strong>Beni recorre cerca de 1.600 kil\u00f3metros desde los Andes bolivianos<\/strong>&nbsp;hasta unirse, ya en la frontera con Brasil, con el r\u00edo Mamor\u00e9. Juntos forman el r\u00edo Madeira, el afluente m\u00e1s caudaloso y de mayor longitud de todo el Amazonas. Lo que desciende por el cauce frente a Eyiyoquibo no se queda en la comunidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Cruza un pa\u00eds vecino y termina en el coraz\u00f3n de la selva m\u00e1s grande del planeta. En \u00e9poca de crecida, el r\u00edo arranca pedazos enteros de sus orillas. Tambi\u00e9n arrastra el mercurio, una amenaza que no se ve. De diez hect\u00e1reas a siete: territorio, inundaciones y espera estatal-&nbsp;<strong>Diez hect\u00e1reas ten\u00eda Eyiyoquibo cuando la fundaron los misioneros estadounidenses&nbsp;<\/strong>de la Misi\u00f3n Nuevas Tribus, que cedieron el terreno al&nbsp;<strong>pueblo Esse Ejja.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Las familias levantaron entonces sus casas de madera y palma convencidas de que aquel pedazo de tierra alcanzar\u00eda para vivir de la pesca, la caza y los cultivos, mientras esperaban a que el Estado terminara de dotarles el territorio prometido.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Esa espera dur\u00f3 m\u00e1s de veinticuatro a\u00f1os.&nbsp;<strong>Cuando por fin lleg\u00f3 una respuesta, en 2021,<\/strong>&nbsp;no fue la tierra que ped\u00edan: eran 900 hect\u00e1reas en un predio llamado Fortaleza, una peque\u00f1a parte de las 20.000 que la comunidad hab\u00eda solicitado. El terreno est\u00e1 al norte, a unos 50 kil\u00f3metros de Eyiyoquibo, lejos de cualquier r\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Para un pueblo que durante siglos vivi\u00f3 de la pesca y la navegaci\u00f3n, aquella tierra significaba alejarse de la vida que conoc\u00edan. Las diez hect\u00e1reas originales se redujeron a siete.&nbsp;<strong>Las inundaciones se llevaron el resto, casa por casa, a\u00f1o por a\u00f1o,&nbsp;<\/strong>y con cada crecida el espacio entre las viviendas se hace m\u00e1s estrecho.<\/p>\n\n\n\n<p>El joven l\u00edder camina despacio entre las construcciones de madera y las lonas azules deshilachadas que hacen de techo o paredes en las m\u00e1s precarias. En los senderos que hacen de calles,&nbsp;<strong>los ni\u00f1os corren tras perros reducidos a piel&nbsp;<\/strong>y huesos.Juan y Felipe no est\u00e1n entre ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>El capit\u00e1n grande saluda a cada&nbsp;<strong>una de las personas que encuentra por su nombre.&nbsp;<\/strong>Se detiene frente a una mujer mayor, demacrada y delgada, de largos cabellos negros entreverados de blanco. Viste apenas una pieza de tela, como si hubieran cortado una funda y la hubieran dejado caer hasta las rodillas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella aviva el fuego bajo una olla ennegrecida por a\u00f1os de cocinar a le\u00f1a. El pescado hierve lentamente para la sopa del almuerzo.\u2014\u00bfYa comi\u00f3? \u2014le pregunta ella.\u2014Todav\u00eda no \u2014responde \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>En un lugar donde todos se conocen,<strong>&nbsp;el l\u00edder tambi\u00e9n carga con las historias que hay detr\u00e1s de cada rostr<\/strong>o: los que siguen aqu\u00ed y los que se fueron quedando en el camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando habla de ellos, la tristeza aparece antes que las palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Aqu\u00ed no morimos solo de las enfermedades \u2014dice, y se detiene un momento, como si buscara la manera correcta de explicar algo que en su lengua no necesita explicaci\u00f3n\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed la gente tambi\u00e9n se apaga por dentro.<\/p>\n\n\n\n<p>Son las palabras con las que su pueblo intenta nombrar una p\u00e9rdida que se fue acumulando durante a\u00f1os, con personas que dejaron de hablar y ense\u00f1ar antes de morir.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El deterioro hab\u00eda comenzado mucho antes<\/strong>, cuando el r\u00edo dej\u00f3 de ofrecer lo que siempre hab\u00eda dado, cuando el territorio empez\u00f3 a encogerse con cada inundaci\u00f3n y cuando algunos ni\u00f1os enfermaron antes de aprender aquello que sus abuelos todav\u00eda quer\u00edan transmitirles.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El r\u00edo Beni, el mercurio y los \u00abhombres del r\u00edo\u00bb<\/h2>\n\n\n\n<p>En las aguas del Beni&nbsp;<strong>corre mercurio disuelto,<\/strong>&nbsp;y estudios realizados en la cuenca han encontrado efectos de este metal sobre el sistema inmunitario. Altera el funcionamiento de las c\u00e9lulas encargadas de la defensa del organismo y puede reducir su capacidad para responder ante las infecciones.<\/p>\n\n\n\n<p>En los ancianos,&nbsp;<strong>aquella exposici\u00f3n silenciosa se sum\u00f3 al desgaste implacable de los a\u00f1os.<\/strong>&nbsp;Lo que empezaba como una tos persistente, fiebre baja o un cansancio cr\u00f3nico \u2014s\u00edntomas que f\u00e1cilmente se atribu\u00edan al simple paso del tiempo\u2014 terminaba por derribar organismos que llevaban d\u00e9cadas dependiendo de un r\u00edo contaminado.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/rtpbolivia.com.bo\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/ESE-FAMILIA-1024x771.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-40627\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>En Eyiyoquibo lo llaman apagarse por dentro.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciencia tiene sus propias palabras para explicarlo. Pero el nombre importa menos que el r\u00edo.Porque ah\u00ed, en una curva del Beni donde el agua se vuelve espesa y color barro despu\u00e9s de las lluvias, los Esse Ejja han vivido durante generaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>El r\u00edo no solo atraviesa su territorio, sino que ha marcado su forma de vida, su alimentaci\u00f3n y su identidad. Por eso se los conoce como los \u00abhombres del r\u00edo\u00bb. La relaci\u00f3n de ese pueblo con las aguas antecede en siglos a cualquier draga.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Dragones chinos, oro ilegal y el Parque Nacional Madidi<\/h2>\n\n\n\n<p>R\u00edo arriba, donde el Beni alcanza un caudal imponente, operan los llamados&nbsp;<strong>\u00abdragones chinos\u00bb:<\/strong>&nbsp;embarcaciones enormes que avanzan sobre el agua y remueven el lecho del r\u00edo con maquinaria pesada en busca de oro, destruyendo h\u00e1bitats, desgastando las orillas y alterando el cauce. Para separar el oro de la tierra usan mercurio, y la corriente hace el resto: lleva r\u00edo abajo lo que se arroja r\u00edo arriba, hasta las comunidades y los territorios protegidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre ellos&nbsp;<strong>est\u00e1 el Parque Nacional Madidi,&nbsp;<\/strong>casi 1,9 millones de hect\u00e1reas de bosques, r\u00edos y monta\u00f1as al norte de La Paz, donde habitan m\u00e1s de 8.000 especies de plantas superiores y cerca de 1.500 de vertebrados \u2014entre ellas, alrededor del nueve por ciento de las aves del planeta\u2014. Ahora, la maquinaria y el mercurio avanzan tambi\u00e9n sobre ese mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los \u00abhombres del r\u00edo\u00bb nunca practicaron la<a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/share\/v\/1BtC1gD5cJ\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">&nbsp;miner\u00eda aur\u00edfera que hoy los est\u00e1 matando<\/a>&nbsp;por otro camino, ni tuvieron voz en las decisiones que trajeron las maquinarias ilegales r\u00edo arriba que vierten cada d\u00eda toneladas de mercurio en el agua, donde el metal se acumula en los peces \u2014tucunar\u00e9, paiche, pac\u00fa\u2014 y de ah\u00ed llega al plato.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Qu\u00e9 encontraron los estudios de mercurio en la cuenca del Beni<\/h2>\n\n\n\n<p>Un estudio de la<strong>&nbsp;Universidad Mayor de San Andr\u00e9s<\/strong>, liderado por el doctor Roger Carvajal en coordinaci\u00f3n con la colombiana Universidad de Cartagena y el Centro de Documentaci\u00f3n e Informaci\u00f3n Bolivia, encontr\u00f3 en mujeres en edad reproductiva de la cuenca del r\u00edo Beni niveles promedio de mercurio de hasta 5,5 partes por mill\u00f3n (ppm), cinco veces por encima del l\u00edmite internacional de la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud, fijado en 1 ppm.<\/p>\n\n\n\n<p>El informe document\u00f3 tambi\u00e9n alteraciones en los gl\u00f3bulos rojos, incremento de la presi\u00f3n arterial, abortos recurrentes, insomnio, p\u00e9rdida de memoria, dolores de cabeza y mareos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Carvajal<\/strong>&nbsp;explic\u00f3 que la exposici\u00f3n cr\u00f3nica deteriora, adem\u00e1s, el sistema inmunol\u00f3gico y provoca alteraciones&nbsp;<strong>en el ADN<\/strong>, adem\u00e1s de da\u00f1o hep\u00e1tico y neurol\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya no hablamos solo de contaminaci\u00f3n ambiental, sino de una amenaza real para la salud humana \u2014dijo el investigador al presentar los resultados.<\/p>\n\n\n\n<p>El estudio, desarrollado durante dos a\u00f1os \u2014<strong>entre 2023 y 2025<\/strong>\u2014 evalu\u00f3 tanto la contaminaci\u00f3n en los peces carn\u00edvoros como sus efectos directos en las personas.<\/p>\n\n\n\n<p>El&nbsp;<strong>mercurio entra al agua, pasa a la cadena alimentaria y termina en el plato&nbsp;<\/strong>de quienes viven del r\u00edo desde antes de que existiera un estudio que lo demostrara. El capit\u00e1n grande no necesit\u00f3 ese informe para saberlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo supo antes, viendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero cuando los investigadores llegaron a la comunidad en distintos momentos del \u00faltimo a\u00f1o y le hablaron de an\u00e1lisis de sangre y de un veneno capaz de atravesar la placenta antes del nacimiento,&nbsp;<strong>entendi\u00f3 con precisi\u00f3n cient\u00edfica el origen de la realidad local.<\/strong>&nbsp;Al joven l\u00edder le explicaron, despacio, casi con l\u00e1stima, que una vez en el vientre materno ese metal empieza a da\u00f1ar el desarrollo del cerebro del beb\u00e9, y que&nbsp;<strong>Eyiyoquibo figura entre las comunidades m\u00e1s golpeadas por el mercurio de toda Am\u00e9rica Latina.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Por esa raz\u00f3n las mujeres ya no dan a luz en sus casas como antes \u2014dice mientras camina hacia el centro del poblado\u2014. Ahora se hinchan, se desmayan, sufren, y hay que caminar cincuenta minutos hasta el hospital para una ces\u00e1rea.<\/p>\n\n\n\n<p>El dirigente guarda silencio, se detiene unos segundos y levanta la mirada hacia el cielo.\u2014Como Juan y Felipe \u2014lamenta\u2014 hay ni\u00f1os que tienen profundos&nbsp;<strong>retrasos en la cabeza.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El Hospital Municipal de Segundo Nivel de San Buenaventura queda a cuatro kil\u00f3metros.<\/p>\n\n\n\n<p>Sossa lo se\u00f1ala sin detenerse, como quien apunta hacia un lugar que ha visto demasiadas veces por las razones equivocadas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Convenio de Minamata, decreto y sentencia:<\/h2>\n\n\n\n<p>La ley que no lleg\u00f3 a Eyiyoquibo. El hospital de San Buenaventura es, tambi\u00e9n, el nombre que aparece en una resoluci\u00f3n judicial de 2023, cuando un juez mixto de Rurrenabaque \u2014actuando como Tribunal de Garant\u00edas Constitucionales\u2014 orden\u00f3 tratar a todas las personas con niveles altos de metilmercurio, principalmente a los miembros de las&nbsp;<strong>comunidades Esse Ejja, Tsimanes y Mosetenes.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La resoluci\u00f3n citaba el&nbsp;<strong>Decreto Supremo 4959,<\/strong>&nbsp;promulgado ese mismo a\u00f1o por el Gobierno para controlar la importaci\u00f3n de mercurio, y el Convenio de Minamata sobre el Mercurio, ratificado por el Estado boliviano para reducir y controlar la contaminaci\u00f3n causada por ese metal.<\/p>\n\n\n\n<p>El Convenio nos remite a mediados del siglo pasado, a la peque\u00f1a bah\u00eda japonesa de<strong>&nbsp;Minamata.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed, una empresa petroqu\u00edmica verti\u00f3 toneladas de residuos qu\u00edmicos al agua, envenenando silenciosamente los peces y mariscos que alimentaban a todo un pueblo de pescadores.&nbsp;<strong>Antes de que los s\u00edntomas humanos<\/strong>&nbsp;se hicieran evidentes, los felinos de la zona empezaron a enloquecer, convulsionar y lanzarse directo al mar.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella situaci\u00f3n, bautizada popularmente como el \u00abs\u00edndrome del gato saltar\u00edn\u00bb, fue la primera se\u00f1al de alarma de un desastre neurol\u00f3gico irreversible.<\/p>\n\n\n\n<p>Buscando frenar ese horror global, Bolivia suscribi\u00f3 el Convenio de Minamata en 2013 y lo ratific\u00f3 mediante la Ley 759 del 18 de noviembre de 2015.<\/p>\n\n\n\n<p>El tratado internacional tiene un enorme valor jur\u00eddico, pero el Estado boliviano no ha podido honrar adecuadamente su compromiso de proteger la salud y la vida frente al veneno.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/rtpbolivia.com.bo\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/esse-cama.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-40628\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>A pesar de la urgencia en los r\u00edos, la respuesta institucional se qued\u00f3 congelada en la burocracia. Sobre el papel, el Estado ten\u00eda todo listo: una ley, un decreto y una sentencia con nombre y apellido.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>En 2025<\/strong>, la Central de Pueblos Ind\u00edgenas de La Paz denunci\u00f3 que ning\u00fan ministerio la hab\u00eda cumplido. Ante el abandono estatal, el Tribunal de Justicia Ind\u00edgena de la Confederaci\u00f3n de Pueblos Ind\u00edgenas de Bolivia, amparado por la Constituci\u00f3n, exigi\u00f3 frenar de inmediato la miner\u00eda aur\u00edfera ilegal en la Amazon\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La medida busca contener el desborde de&nbsp;<strong>mercurio en los r\u00edos Beni y Madre de Dios<\/strong>, cuyas aguas siguen inyectando un da\u00f1o irreversible en la salud de los pueblos que los habitan.<\/p>\n\n\n\n<p>En 2025, el entonces viceministro de Salud,&nbsp;<strong>Max Enr\u00edquez,&nbsp;<\/strong>admiti\u00f3 que el gobierno hab\u00eda tomado muestras de cabello a una cuarentena de personas en Eyiyoquibo, pero que ning\u00fan enfermo hab\u00eda sido atendido, culpando a la distancia y a la supuesta desconfianza de las comunidades.<\/p>\n\n\n\n<p>A nivel de toda la cuenca, la cifra ya exist\u00eda antes:&nbsp;<strong>de 305 personas que entregaron muestras de cabello,<\/strong>&nbsp;el 74,5 % superaba el l\u00edmite seguro de mercurio.\u2014La ley existe. El decreto existe. La resoluci\u00f3n existe \u2014dicen las autoridades Esse Ejja\u2014.&nbsp;<strong>Lo \u00fanico que no existe es el m\u00e9dico que llegue con las medicinas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Con el cambio de gesti\u00f3n constitucional, el Ministerio de Miner\u00eda propuso sustituir el mercurio&nbsp;<strong>por cianuro<\/strong>&nbsp;en la extracci\u00f3n de oro, flexibilizando al mismo tiempo los tr\u00e1mites para regularizar derechos mineros.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>En Eyiyoquibo<\/strong>, la propuesta se recibe con el espanto de quien sabe&nbsp;<strong>que un veneno no cura otro veneno<\/strong>. Para los Esse Ejja, la sustituci\u00f3n tecnol\u00f3gica suena a una nueva condena de muerte envuelta en burocracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Las organizaciones<strong>&nbsp;ambientalistas advirtieron<\/strong>&nbsp;que la medida podr\u00eda relajar los pocos controles existentes, justo cuando la evidencia cient\u00edfica sobre el da\u00f1o acumulado empezaba a ser innegable.<\/p>\n\n\n\n<p>En un comunicado, el&nbsp;<strong>Tribunal de Justicia Ind\u00edgena de Bolivia fue m\u00e1s all\u00e1:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si la situaci\u00f3n no cambia, los Esse Ejja pueden extinguirse \u2014denunci\u00f3 su vicepresidente, \u00c1ngel Dur\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras la advertencia permanece en las oficinas, en Eyiyoquibo los Esse Ejja solo siguen esperando.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Son uno de los 36 pueblos ind\u00edgenas reconocidos por la Constituci\u00f3n boliviana,<\/strong>&nbsp;que en el papel les garantiza salud y territorio. En la pr\u00e1ctica, esas garant\u00edas conviven con un peque\u00f1o cementerio que&nbsp;<strong>se llena de cruces m\u00e1s r\u00e1pido de lo que la burocracia estatal<\/strong>&nbsp;tarda en actuar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Lucio Game Moreno y la hija que el hospital no pudo salvar<\/h2>\n\n\n\n<p>Lucio Game Moreno est\u00e1 sentado afuera de su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>La tragedia que carga no cabe&nbsp;<strong>en ning\u00fan estudio cient\u00edfico<\/strong>&nbsp;ni en ninguna hect\u00e1rea en disputa: hace unos meses, su hija de cuatro a\u00f1os falleci\u00f3. Ten\u00eda un cuerpo que, por la desnutrici\u00f3n cr\u00f3nica que arrastra toda la comunidad, parec\u00eda el de una ni\u00f1a de dos.<\/p>\n\n\n\n<p>La tragedia empez\u00f3 con un resfr\u00edo que no se le iba. Su cuerpo, ya debilitado, no pudo defenderse. Todo indica que<strong>&nbsp;el metilmercurio<\/strong>&nbsp;hab\u00eda ido minando sus defensas hasta dejarla expuesta a una bronconeumon\u00eda que termin\u00f3 por matarla. Los domingos, antes de enfermar, su madre la llevaba junto a sus tres hermanas&nbsp;<strong>a la feria artesanal de Rurrenabaque<\/strong>, donde llegan miles de turistas extranjeros atra\u00eddos por la cercan\u00eda del Parque Nacional Madidi.<\/p>\n\n\n\n<p>Este inmenso santuario natural convirti\u00f3 a la regi\u00f3n en el segundo destino tur\u00edstico m\u00e1s importante de Bolivia, despu\u00e9s del Salar de Uyuni.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras la madre vend\u00eda, la ni\u00f1a y sus hermanos recorr\u00edan&nbsp;<strong>los comedores populares mendigando comida<\/strong>&nbsp;.La pesca ya no alcanzaba para vivir y las artesan\u00edas eran una de las pocas maneras de conseguir dinero.<\/p>\n\n\n\n<p>Fiebre alta, dolores en el cuerpo,&nbsp;<strong>una tos seca que fue agrav\u00e1ndose hasta comprometerle los pulmones. Una noche de febrero de 2026, Lucio y su esposa la cargaron en brazos hasta el hospital&nbsp;<\/strong>.Los atendieron con amabilidad, pero el centro m\u00e9dico no ten\u00eda c\u00f3mo darle, de manera gratuita, los medicamentos necesarios.<\/p>\n\n\n\n<p>Para entonces, la escasez de f\u00e1rmacos ya era una herida abierta en todo el sistema de salud boliviano. El gremio empresarial de importadoras de f\u00e1rmacos hab\u00eda pedido p\u00fablicamente al gobierno que garantizara las divisas necesarias. Sin d\u00f3lares \u2014igual que sin combustible, escasos en el pa\u00eds desde 2023\u2014 no hab\u00eda manera de abastecer los hospitales.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin combustible,<strong>&nbsp;Lucio tampoco pudo salir a pescar para ganar algunas monedas<\/strong>&nbsp;y comprar la medicina en Rurrenabaque. Su esposa vendi\u00f3 todas las artesan\u00edas que ten\u00eda, pero no alcanz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Los m\u00e9dicos no pudieron salvarla. Lucio guarda silencio un momento largo. Mira hacia su hogar y, cuando vuelve a hablar, ya no menciona a su hija.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hay otra tristeza que tambi\u00e9n nos golpea \u2014dice, y baja la mirada hacia sus manos\u2014. Aqu\u00ed nadie llega a cobrar la Renta Dignidad. Ese subsidio de 350 bolivianos \u2014cerca de 30 d\u00f3lares al mes\u2014 que el Estado entrega a los bolivianos mayores de 60 a\u00f1os es para \u00e9l una forma de contar a los sobrevivientes.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Mary T\u00f3rrez es mi nombre<\/h2>\n\n\n\n<p>Y ha nacido mi segunda hija, dice la mujer al enorgullecerse de que su primog\u00e9nita, es una de las mejores alumnas de su curso en la escuela que el Estado construy\u00f3 dentro de la comunidad, donde las clases se imparten en ambas lenguas en un intento por conservar la cultura.<\/p>\n\n\n\n<p>La unidad educativa comenz\u00f3 a funcionar con aulas r\u00fasticas en el a\u00f1o 2000 y en 2022 gradu\u00f3 a su primera promoci\u00f3n de bachilleres en una buena infraestructura.&nbsp;<strong>Mary forma parte de esa nueva generaci\u00f3n&nbsp;<\/strong>que creci\u00f3 entre dos mundos y sue\u00f1a con estudiar enfermer\u00eda cuando termine el bachillerato, dentro de dos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>El receso escolar de mitad de a\u00f1o coincidi\u00f3 con las \u00faltimas semanas de un embarazo que recuerda como una larga tortura.<\/p>\n\n\n\n<p>Se le hinchaban el rostro,<strong>&nbsp;las manos, los p\u00e1rpados y las piernas.<\/strong>&nbsp;Los dolores de cabeza no ced\u00edan ni con las hierbas que le preparaba su madre. Despu\u00e9s llegaron la visi\u00f3n borrosa, la sensibilidad a la luz, el dolor en el vientre y los v\u00f3mitos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hubo d\u00edas en que le costaba&nbsp;<strong>respirar y otros en los que ni siquiera pod\u00eda orinar<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Era preeclampsia \u2014dice con una serenidad que contrasta con el recuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p>En el hospital de San Buenaventura le explicaron que la exposici\u00f3n prolongada al mercurio pod\u00eda estar relacionada con las complicaciones de su embarazo.<\/p>\n\n\n\n<p>A diferencia de muchas mujeres mayores de la comunidad,<strong>&nbsp;Mary y su esposo, de 18 a\u00f1os, ten\u00edan c\u00e9dula de identidad<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese documento les permiti\u00f3 acceder al Bono Juana Azurduy, el programa estatal que entrega alimentos y un incentivo econ\u00f3mico a las embarazadas y a sus hijos a cambio de cumplir con los controles prenatales y de crecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Decidieron acudir desde las primeras semanas del embarazo, aunque cada revisi\u00f3n significara&nbsp;<strong>enfrentar la fatiga de una larga caminata<\/strong>&nbsp;hasta el hospital.<\/p>\n\n\n\n<p>La recompensa por cumplir con todo el programa tampoco es grande. Si completan todos los controles previstos durante el embarazo y los dos primeros a\u00f1os de vida del ni\u00f1o, reciben en total 1<strong>.820 bolivianos distribuidos a lo largo de 33 meses<\/strong>, el equivalente a poco m\u00e1s de tres d\u00f3lares mensuales.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Mary,&nbsp;<strong>sin embargo, el esfuerzo ten\u00eda otra recompensa: llegar al parto y saber que todo hab\u00eda salado bien.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No fue ces\u00e1rea y mi bebita naci\u00f3 bien \u2014dice, aliviada.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante nueve meses vivi\u00f3 con el miedo de verla nacer con alguna malformaci\u00f3n o con los retrasos de los que hablan los mayores.<\/p>\n\n\n\n<p>El a\u00f1o anterior, una de sus hermanas hab\u00eda perdido a su beb\u00e9 en un parto en casa y ella no quer\u00eda que la historia se repitiera. Pero la alegr\u00eda por la hija sana apenas alcanz\u00f3 para aliviar las otras heridas. Dos de sus hermanos&nbsp;<strong>emigraron a Brasil&nbsp;<\/strong>para trabajar en talleres de confecci\u00f3n de ropa, dejando atr\u00e1s las redes de pesca que sosten\u00edan la casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Las llamadas y los mensajes reemplazaron las conversaciones alrededor del fog\u00f3n.\u2014Todos volver\u00e1n y habr\u00e1 fiesta en Eyiyoquibo \u2014dice Mary, y sonr\u00ede\u2014.&nbsp;<strong>El que ya no volver\u00e1 es mi padre.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Guarda silencio unos segundos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mira a su beb\u00e9 y agrega:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Cuando muri\u00f3 mi sobrina y mis hermanos se fueron,&nbsp;<strong>mi pap\u00e1 dej\u00f3 de hablar,&nbsp;<\/strong>dej\u00f3 de re\u00edr. Se quedaba sentado junto a la puerta y pasaba las tardes enteras mirando sus viejas redes de pescar secas y rotas en el patio.<\/p>\n\n\n\n<p>Los Esse Ejja creen que las aguas y el bosque escuchan&nbsp;<strong>las penas del hombre.&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pero saben tambi\u00e9n que el agua viene \u00abmala\u00bb, y que pronto no quedar\u00e1n \u00e1rboles en la selva amaz\u00f3nica para atender el alma de lo<strong>s pueblos ind\u00edgenas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\ud83d\udce2 Go Communication<br>\u00danete al grupo oficial de WhatsApp y Telegram\ud83d\udcf1 a trav\u00e9s de los siguientes enlaces: \ud83d\udd17\ud83d\udc47<br>\u27a1\ufe0f WhatsApp:\u00a0<a href=\"https:\/\/whatsapp.com\/channel\/0029Va7C0epA2pL4r3PiKa1F\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">https:\/\/whatsapp.com\/channel0029Va7C0epA2pL4r3PiKa1F<\/a><br>\u27a1\ufe0f Telegram:\u00a0<a href=\"https:\/\/t.me\/GoCommunicationBolivia\">https:\/\/t.me\/GoCommunicationBolivia<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El reportaje \u00abEl mercurio apaga la vida en Eyiyoquibo\u00bb relata el devastador impacto de la contaminaci\u00f3n por mercurio en la comunidad ind\u00edgena Esse Ejja, ubicada en la Amazon\u00eda boliviana.<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":4307,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"footnotes":""},"categories":[7],"tags":[16,1701,1698,1388,980,1409,1700],"class_list":["post-4306","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sociedad","tag-bolivia","tag-ecocidio","tag-eyiyoquibo","tag-mineria-ilegal","tag-oms","tag-pueblos-indigenas","tag-rio-beni"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/gocommunicationbol.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4306","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/gocommunicationbol.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/gocommunicationbol.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/gocommunicationbol.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/gocommunicationbol.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4306"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/gocommunicationbol.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4306\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4308,"href":"https:\/\/gocommunicationbol.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4306\/revisions\/4308"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/gocommunicationbol.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/4307"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/gocommunicationbol.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4306"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/gocommunicationbol.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4306"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/gocommunicationbol.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4306"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}