El mascotismo, la caza furtiva y el comercio ilegal ponen en riesgo crítico a la biodiversidad del país. Organizaciones y autoridades enfrentan escasez de recursos institucionales para frenar este delito, el cual castiga a los infractores con hasta ocho años de cárcel.
La Paz, Bolivia, 14 de septiembre de 2026. — En Bolivia, la venta, captura, tenencia y tráfico ilegal de animales silvestres afecta a 120 especies nativas que son comercializadas tanto dentro como fuera del territorio nacional. De acuerdo con datos de 2024 emitidos por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y la Asociación Armonía, el país registra 478 especies amenazadas, lo que implica que una de cada 10 especies conocidas enfrenta riesgo de extinción. Este total se divide en 63 especies críticamente amenazadas, 145 amenazadas y 270 vulnerables.
Las redes de tráfico actúan para abastecer diversos mercados ilegales. Entre los animales más afectados destaca el jaguar, codiciado en el mercado asiático por sus colmillos, garras y piel. También figuran aves y primates capturados para mascotismo, así como lagartos y serpientes traficados por sus pieles o para cautiverio. Por su parte, la Policía Forestal y de Protección al Medio Ambiente (Pofoma) ha intervenido procesos de secado de vizcachas y fetos de llama (sullus) destinados a rituales tradicionales, además de decomisar huevos de tortuga y carne de monte provenientes de la Amazonía.
El experto en vida silvestre, Marco Greminger, alertó sobre la gravedad de extraer animales de su hábitat para mantenerlos en hogares, catalogando la práctica directamente como un ilícito. “Sin lugar a dudas, el mascotismo es tráfico de especies silvestres. Los cazadores furtivos matan hembras que tuvieron crías recientemente y se llevan a sus crías a sus casas para criarlas como mascotas”, detalló el especialista. Un ejemplo reciente de esta modalidad ocurrió en la zona del Urubó, Santa Cruz, donde las autoridades rescataron a dos crías de mono aullador que se ofertaban por Bs 2.800 mediante redes sociales.
Al ser reducidos a mascotas, los animales pierden su rol ecológico básico, como la dispersión de semillas, y sufren severos cuadros de estrés y desnutrición. Además, Greminger advirtió sobre los riesgos colaterales de la caza comercial y deportiva para la salud pública: “Lastimosamente, muchas de las personas que cazan estas especies no conocen el riesgo que esto implica. Muchos de estos animales son portadores de algunas enfermedades zoonóticas, frente a las cuales son inmunes, pero que pueden afectar a los humanos”.
El tráfico ilegal se encuentra penalizado bajo normativas como la Ley 1525, la Ley 1333, la Ley 300 y el Decreto Ley 12301, estableciendo condenas de dos a ocho años de privación de libertad. Pese al marco legal vigente, los grupos ambientalistas consideran que estas sanciones son leves en proporción al daño provocado. A esto se suma que Pofoma carece de los recursos económicos suficientes para realizar operativos más efectivos, y el Ministerio Público enfrenta la ausencia de fiscales especializados en temas medioambientales. Para intentar mitigar estas deficiencias institucionales, organizaciones como WCS-Bolivia colaboran con talleres de capacitación y recursos logísticos destinados a los rescates.
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